Desde la frontera sur de los Estados Unidos hasta el extremo sur del continente americano, cuando se dice “Tihany”, se está hablando de “Magia”.
La historia de Tihany es muy rica y nutrida en anécdotas.
La última vez que el Circo de Tihany estuvo en Argentina fue en 1996, es decir hace 14 años.
En esa oportunidad Franz Czeiler, que es el verdadero nombre de Tihany, accedió gentilmente a una entrevista que es la que resumo en este escrito.
Le decía a Don Franz antes de que el comenzara a desgranar sus recuerdos, que la primera vez que lo vi en mi ciudad, fue en el año 1962, y no me olvido hasta el día de hoy de algunos de los juegos que presentó en ese entonces.
En este momento, se remonta mi recuerdo especialmente a un efecto que presentó en aquella oportunidad, y que a pesar de los 48 años transcurridos, me resulta tan familiar como si lo hubiera presenciado hoy mismo:
Se trataba del quemado de un billete, y reaparición del mismo dentro de una manzana, pero no es ese el efecto que rememoro.
En aquel 1962, el mago hacía subir a dos personas al escenario donde solo había una silla, y les pedía que se sentaran. Ello no era posible, porque eran dos personas, y solo había un asiento.
Pero ese no era problema para el mago, porque tomaba la silla y duplicaba la misma ante los ojos atónitos del público.
¡ Una silla de la cual salía otra silla !.
Lo planteaba como una especie de gag, pero era espectacular.
Volviendo al protagonista de esta historia.
Natural de Hungría, nació en 1916, y ya desde pequeño el circo encandilaba sus ojos y su pensamiento, y por ese motivo escapó de su casa en varias oportunidades, siguiendo algún carromato o carpa circense.
Aprendió todos los secretos del circo, y presentaba todo tipo de especialidades, desde acrobacias, equilibrios, malabarismo, fakirismo, hombre forzudo, no faltando los sketches con su mujer, juguetes de bailes y canto.
Según sus palabras comenzó muy desde abajo, viajando de pueblo en pueblo, y en condiciones tan paupérrimas, que envolvía sus elementos con papel de periódico, luego una maleta, más tarde se compró una bicicleta, una moto, un coche, hasta que finalmente pudo hacerse de una carpa.
Trabajó en varios circos, y como mago realizaba rutinas de pick pocket, pañuelos, flores, jaula de desaparición, manipulación de cigarrillos ala Frakson, y varios más.
En la década del 50 se estableció en Brasil y allí comenzó con su propio circo al que llamó Circo Mágico Tihany.
Con los años lo convirtió en especie de lujoso Music Hall, con artistas de distintas especialidades, donde la magia ocupaba el lugar más importante.
El circo comenzó a crecer y a recorrer toda Sudamérica.
Su distinción siempre fue lo lujoso de su vestuario, su cuerpo de baile compuesto generalmente por bailarines profesionales y de ballet de todo el mundo, su comodidad, su perfecta iluminación, la calidad internacional de los artistas, y con su carpa siempre reluciente, con los últimos adelantos de la tecnología.
Otra particularidad era que su circo nunca tuvo picadero, todo se desarrollaba sobre un escenario.
Un concepto moderno del circo y con nuevas ideas para la época.
Su carisma cautivaba al público, a lo que se sumaba sus impactantes números de prestidigitación e ilusiones.
Recorrió durante más de 50 años todos los países latinoamericanos.
Al tratarse de un circo no convencional, con escenario, vestuario amplio y voluminoso y escenografía, le fue difícil realizar tours por Europa o Estados Unidos debido al alto coste de transporte en barcos.
El tamaño de la carpa también influía. Un “paquete” para albergar a más de 3000 personas, era demasiado pesado, enorme, y costoso en cuanto a flete.
Todo su movimiento lo hacía por tierra con la flota de camiones y trailers.
Por se motivo su ámbito se circunscribió al territorio latinoamericano, aunque en los últimos años ha entrado en el mercado norteamericano.
El tiempo pasó y las fuerzas fueron menguando, motivo por el cual Franz debió resignar el rol protagónico mágico en otros profesionales del arte, aunque cuando público especial asistía a las funciones (presidentes, altos funcionarios, etc.), Tihany volvía a tomar el timón en el espectáculo.
Una de las atracciones del circo eran las Aguas danzantes, que fueron diseñadas especialmente para el, con equipos similares a los utilizados en el Radio City Hall de New York.
A partir de 1982, el mago principal del circo fue el ilusionista rosarino Richard Massone, excelente artista, en quien Tihany depositó toda su confianza.
Franz ha sido invitado como jurado en Festivales de Circo internacionales en Montecarlo, Beijing, Moscú, Europa, y le fueron adjudicados importantes premios en la magia, como por ejemplo el trofeo de la Academia de Artes Mágicas con sede en California.
Muchos importantes artistas circenses latinoamericanos tuvieron oportunidad de trabajar en el circo de Tihany.
Su espectáculo siempre asombró a los espectadores. Sus producciones de music hall, son al mejor estilo de Las Vegas.
Su aparición de apertura manejando su lujoso Roll Royce 1950, hacen del Circo Mágico un espectáculo sin igual.
Franz mantiene una estrecha amistad con David Copperfield, y en varias oportunidades, el mago norteamericano le ha solicitado a Tihany su colaboración para algunos de sus shows especiales, debiendo encargarse Richard de buscar la ilusión desde la bodega del circo en San Pablo Brasil, trasladarla hasta USA y preparar a Copperfield para la presentación.
Prueba de ello, son las notas públicas de Copperfield aparecidas en algunos magazines mágicos, agradeciendo a Franz Czeiler la atención recibida.
No quiero terminar este escrito sin recordar la visita a Argentina en 1996.
Pude ver el espectáculo dos veces, una en Buenos Aires y la otra en Rosario.
Algunos de los artistas que me impresionaron en ese momento fueron un grupo de trapecistas rusos llamados Flying Kraners, quienes realizaban no solo el difícil juego de los trapecios, sino lo que se me ocurre definir como un ballet en el aire, con una presentación y coreografía tan exquisita como nunca había visto.
Cuando el circo paso de Buenos Aires a Rosario no vino la troupe rusa, le pregunté a Franz, porque razón no habían viajado con el circo, y su respuesta fue: “muy simple, son los artistas mas caros del circo, miles de dólares por semana, y además sus innumerables contratos en otros rincones del mundo, le impiden continuar con el circo en Argentina”.
Por último, otro artista que me impactó sobremanera, fue el armenio Eduardo Akopian, un clown como pocos, verdaderamente espectacular.
Especie de maestro de ceremonias, aunque sin decir una sola palabra durante todo el espectáculo.
Con la única ayuda de un pito en su boca, y toda su habilidad artística, hacía las delicias del público, arrancando carcajadas en cada entrada que hacía.
Realizó la rutina del sueño del avaro con tal dominio y desparpajo, que los espectadores lo premiaban con aplausos interminables en cada pase.
Solo resta decir que en su ciudad, la magia de Richard deslumbró como la más importante estrella del show.
Vaya este sencillo homenaje al gran Tihany, quien dedicó toda su vida al circo, y también a tantos otros artistas circenses que tanto alegran y hacen disfrutar a quienes amamos al circo.
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10 diciembre 2010
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