Jules Bosco fue un mago francés que presento muchas veces su arte en Rosario a fines de 1800.
El diario La Capital publicaba la descripción de sus números, y leyéndolos parece referirse a un espectáculo de nuestros días, con el valor agregado de adaptar para adultos y en un escenario de teatro, lo que hoy se presenta casi exclusivamente en funciones infantiles, rutina que reproduzco más abajo.
El programa incluía el sin rival Silforama, especie de Linterna Mágica de otro artista parisino, el simpático A. Filhon, que pasó también varias veces por Rosario .
Con un público que no bajaba de de 600 personas, realizaba los efectos con perfección y limpieza, debido a lo cual era llamado a escena repetidamente con estruendosos aplausos; tal su éxito.
Entre los comentarios periodísticos, la crítica afirmaba que “...su dialéctica es un tanto amanerada y correcta, lo que no siempre suele encontrarse en los prestidigitadores...”.
Ciertamente un palo duro para los magos.
Reproduzco algunos de los comentarios de los diarios:
El Fusilamiento: “Para esta suerte, se presentarán seis soldados armados a rémington, que cargaran con cartuchos a bala, los cuales podrán ser examinados por los espectadores, para hacer una descarga al señor Bosco que se pondrá a bastante distancia, para que el público tenga seguridad de que el artista no cambia las armas”.
Caza de monedas de plata: nuestra conocida Lluvia de plata, donde el mago hacía aparecer monedas de todas partes, incluso de la cabeza, oreja, y nariz de los espectadores.
El niño fantasma: un niño era colocado en el proscenio encima de una mesa que se veía no contenía nada debajo, excepto los pies del mago. El niño era tapado por una bolsa. Ante los movimientos del chico, Bosco comentaba: no se puede estar quieto, entonces voy a magnetizarlo.
Como seguía moviéndose, el mago tomó dos pistolas y apuntó a corta distancia. Sonaron las detonaciones y a continuación el niño que estaba en la bolsa dio un grito, y apareció en la platea.
La pregunta femenina era una de los efectos que más gustaba al público: Bosco hacía escribir en un pedazo de papel las preguntas que se les ocurrieran a los espectadores. Los papeles eran depositados en una bolsita de seda, y leídas a continuación por el mago.
Una de ellas decía: ¿Qué es lo que más gusta a las señoritas?
Bosco entregaba la bolsita a un espectador para que sacara una de las preguntas, y así contestarla.
Dio la casualidad que salió la misma que la que habían sacado anteriormente, por lo que el prestidigitador se vio en grandes apuros, y dijo que le era imposible contestar, por una razón muy sencilla: él nunca había sido señorita.
Pidió tres pañuelos blancos, los colocó doblados en una mesa, solicitando del público eligiera uno de ellos.
Tomó una pistola, y cargándola con el papel que contenía la pregunta, se la entregó a uno de los presentes, encargándole hiciera fuego cuando él arrojara el pañuelo al aire. Después de los disparos y abierto el pañuelo apareció con letras bien grandes, la contestación a la pregunta: “Casarse con un buen marido”.
Como decía más arriba, Bosco hace cerca de 130 años presentaba para adultos, juegos que hoy son ejecutados casi exclusivamente para niños, lo que demuestra un axioma mágico que apunta, que lo que más se aprecia no es el juego en sí mismo, sino de la manera como se lo presenta.
Me estoy refiriendo específicamente, al Libro Negro de contabilidad de Bosco.
Para demostrar el estado de sus cuentas, el mago presentaba su libro negro de contabilidad, mostrando primeramente todas las hojas del libro que eran completamente negras.
El prestidigitador dijo: “Señores en este libro negro, tengo mi haber y el debe. Cuando yo quiero saber lo que debo no tengo más que hacer esto" y abriéndolo nuevamente todas las hojas que eran negras aparecieron perfectamente blancas, "...o sea que estoy al día y no debo nada. Ahora veré lo que se me adeuda”.
El libro fue abierto otra vez y las hojas aparecieron llenas de cuadrados con números.
Bosco prosiguió: “Como entre mis deudores hay varios que no quieren pagarme siempre coloco en el libro el retrato de todos ellos”, y abriendo el libro, el público observó que las hojas en vez de tener números estaban llenas de figuras.
“Y vean ustedes: también hay señoras algo tramposas que no puedo cobrarles y he aquí sus retrato”. El libro fue abierto y se veían infinidad de retratos de mujeres.
Por último observó Bosco “La solución para perseguir a mis deudores son los diablos del infierno que se encargan de hacer el cobro, y aquí se los presento”.
Volvió a abrir su libro y todas las hojas aparecieron cubiertas de cabezas de diablos chicos y grandes con lo que terminó su rutina.
La sala estaba repleta de familias de la alta sociedad, y cuando el mago terminó su función todos salieron presurosos sin hacer comentarios, no fuera a ser que alguno de los presentes fuera reconocido entre las fotos de los deudores de Bosco.
Además, como el prestidigitador apelaba continuamente al uso de la pistola para sus efectos, no era poco el miedo que Bosco quisera hacer justicia por mano propia disparando a los deudores.
! Por las dudas ..... diríamos por aquí !
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17 septiembre 2015
28 enero 2011
Un varieté de 4 actos – Ventriloquia a varias voces
Corre comienzos de Febrero de 1893, un espectáculo de lo que hoy llamaríamos variedades, o varieté, o vaudeville, se presenta en el Teatro Olimpo de Rosario.
Un espectáculo poco habitual, donde cuatro artistas de diferentes especialidades, se unen en una gira por Argentina y países vecinos.
Los artistas
Una variedad artística interesante presenta la empresa que gerencia el teatro:
Casthor - Transformista
Jules Bosco - Prestidigitador
Augusto Filhon - Silforamista
Max O´Kill - Ventrílocuo
Pocos datos dispongo del transformista Casthor, a quien localizo a posteriori en 1895, trabajando en el Teatro Hammerstein de New York.
Era llamado el “Hombre de las 50 cabezas”, por las transformaciones que realizaba.
Por su parte, el parisino Augusto Filhon, quien presentaba el Silforama, y trabajaba bastante a menudo con el mago Bosco, parece haber sido también escritor sobre temas relacionados con el arte.
Auguste o Augustín Filon (sin h), escribió “La caricatura en Inglaterra”, y “The English Stage” - Una visión francesa del teatro inglés -, y estimo que por la fecha y nacionalidad del autor podría tratarse de la misma persona.
Jules Bosco, el prestidigitador, era también francés; había realizado su primera presentación en Rosario en Octubre de 1864, y a través de los años sería un asiduo visitante de nuestra ciudad.
Y por fin le llega el turno a Max O´Kill, ventrílocuo, quien será el personaje de esta historia.
Max O´ Kill
Nacido en 1865 como George Havelock Helm en Ontario, Canadá, comenzó su carrera muy joven, y con solo 17 años, ya había conseguido una sólida reputación como artista de la ventriloquia.
Como mago también se dedicaba a la manipulación y mentalismo.
O´Kill tradujo del francés la obra de Paul Garnault “La historia de la ventriloquia”, uno de los libros más completos sobre la especialidad de la época.
Artista talentoso por su habilidad, fue uno de los ventrílocuos que más se destacaron sobre fines del siglo XIX, y comienzos del XX.
Ventriloquia a varias voces e idiomas
El 7 de Febrero se levantaba el telón del Teatro Olimpo, y actuaba en primer lugar el prestidigitador Jules Bosco.
La segunda parte le correspondía al transformista Casthor, quien demostraba sus cualidades al representar con una perfección artística asombrosa, a hombres célebres públicos de Europa y de América.
El plato fuerte del espectáculo, era el ventrílocuo con su familia improvisada.
Todo lo que se podía decir era poco, ante las cualidades del artista para dar vida y movimiento a sus muñecos.
Cerraba la función, el bonito Silforama con vistas disolventes presentadas por Filhon.
Si bien eran cuatro los artistas, la crónica local, refería en especial al trabajo de O´Kill, no solo en la ciudad, sino también en Buenos Aires.
Era necesario verlo y escucharlo para poder apreciar su mérito.
No se podía exigir ilusión mas completa, que la que causaba O’ Kill cuando conversaba con su numerosos muñecos. Ese era el momento en que el show tomaba las proporciones de un verdadero prodigio.
Sus fantoches que eran varios, hablaban, cantaban, reían, fumaban, escupían, movían brazos y pies, ojos, labios y orejas.
Es cierto que un trabajo parecido al mencionado, ha sido, y es realizado por muchos ventrílocuos; pero había una distinción.
O´Kill hablaba varios idiomas, y esa era la diferencia con aquel habilidoso artista.
Entre sus muñecos se distinguían,
* Fritz, un pícaro jovencito de diez o doce años.
* Joseph, un divertido y desequilibrado personaje que pasaba fácilmente de la risa a los gruñidos, y del canto a las maldiciones, mostrando una incoherencia verdaderamente deliciosa.
* Yankee Doddie, alternaba la chansonette francesa o alemana, con la petenera del cante hondo flamenco y con la milonga argentina.
Completaban la familia una lady vieja y averiada, un par de negros africanos, una sonrosada niña rubia inglesa, un irlandés de cara lúgubre y funeraria, y hasta un perrito que bailaba, daba la patita y hasta ……. se sacudía las pulgas.
Había en el lenguaje elementos de varios idiomas: a una pregunta en francés, contestaba una frase en italiano, a una palabra inglesa, le seguía otra alemana o española.
Cuando Joseph concluía de cantar “Verse moi una chopine”, Fritz entonaba el conocido “Me gustan todas”, y la escuálida inglesa respondía con el sentimental ¡Vorrei morire!. No faltaba tampoco el uso del clásico y popular “ché” argentino
El periódico La Capital, reprodujo algunos de los graciosos diálogos entre los personajes.
Fuera por las circunstancias planteadas, o por las escenas jocosas que se sucedían, la hilaridad del público se manifestaba con las carcajadas y aplausos intensos.
Ni en la torre de Babel, podría haber una mezcla mayor de idiomas.
Por los comentarios del cronista, parece ser que el ventrílocuo ubicado en medio de los fantoches, operaba un complicado mecanismo de pedales y teclas, con los cuales manejaba los movimientos de todos los personajes, algunos de ellos en forma simultánea, al tiempo que interpretaba sus distintas voces e idiomas.
Tarea complicada por cierto, teniendo en cuenta el lenguaje según el personaje, el timming, y la coordinación de movimientos en un espectáculo de este tipo.
En las figuras adjuntas, se pueden observar algunos mecanismos de operación de muñecos, aunque de época más moderna de la de O´Kill (cerca de los años 30´s y 40´s del XX), pero da una idea del complicado sistema de manipulación.
Estos muñecos permitían más de una docena de movimientos faciales, y a los ya clásicos movimiento de orejas, levantamiento de cejas y labio superior, cerrado de ojos, pelo encrespado, se agregaba que sacaban la lengua, y que su nariz se iluminaba de un color rojo intenso.
Todo un laberinto de maquinaria ubicado en la cabeza del muñeco, y manipulado por un teclado parecido al utilizado para interpretar el clarinete o saxofón.
Meses o años de ardua labor, tanto para los artesanos que desarrollaban la construcción, así como para los artistas de la ventriloquia, quienes debían adquirir la habilidad imprescindible para dar vida, y hacer creíbles a los fantoches.
En algunos casos ingeniosos, se proveía de piernas de madera articuladas a aquellos admirables muñequitos, lo que les permitía estar de pie, en posiciones distintas a la clásica sentada sobre el regazo del ventrílocuo.
La descripción periodística del espectáculo de O´Kill, me hace reflexionar acerca que su sistema debe haber sido similar a estas figuras.
“ Sería interesante describir el complicado sistema de palancas, resortes, poleas, garfios y cordajes, mediante el cual consigue O’ Kill, sin aparente esfuerzo y sin hacer ni un solo movimiento ostensible, dar animación y vida, a sus muñecos de madera y cartón pintado.
Pero como ese es precisamente el secreto más valioso del artista, nada tiene de extraño que lo ignoremos, y que por consiguiente, no podamos revelárselo a ustedes.
Además, por digna de interés que sea la parte mecánica del trabajo de O’ Kill, nunca será tan notable y tan curiosa, como la parte que llamaremos intelectual.
El hombre que ha fabricado esos muñecos, es sin duda alguna, un ingeniosísimo artífice, pero el hombre que ha inventado el lenguaje que hablan esos muñecos, es mucho más valioso: es una persona de talento, llena de sprit y de buen gusto.” Periódico La Capital, 7 de febrero de 1893.
Aquel espectáculo del teatro Olimpo finalizó el 19 de febrero, momento en que la Compañía se dividió tomando distintos caminos, a pesar de lo que decía el primer anuncio publicitario que continuarían en Chile.
Por un lado el mago Jules Bosco con el transformista Casthor, y el silforamista Filhon, continuaron la gira por las provincias del litoral argentino, siendo la ciudad de Santa Fe su primer destino.
El ventrilocuo por su parte, volvía a Buenos Aires para formar una compañía de género variado.
Sea este un homenaje a los artistas de la ventriloquia, en la persona de Max O´Kill uno de los grandes de ese arte.
Un espectáculo poco habitual, donde cuatro artistas de diferentes especialidades, se unen en una gira por Argentina y países vecinos.
Los artistas
Una variedad artística interesante presenta la empresa que gerencia el teatro:
Casthor - Transformista
Jules Bosco - Prestidigitador
Augusto Filhon - Silforamista
Max O´Kill - Ventrílocuo
Pocos datos dispongo del transformista Casthor, a quien localizo a posteriori en 1895, trabajando en el Teatro Hammerstein de New York.
Era llamado el “Hombre de las 50 cabezas”, por las transformaciones que realizaba.
Por su parte, el parisino Augusto Filhon, quien presentaba el Silforama, y trabajaba bastante a menudo con el mago Bosco, parece haber sido también escritor sobre temas relacionados con el arte.
Auguste o Augustín Filon (sin h), escribió “La caricatura en Inglaterra”, y “The English Stage” - Una visión francesa del teatro inglés -, y estimo que por la fecha y nacionalidad del autor podría tratarse de la misma persona.
Jules Bosco, el prestidigitador, era también francés; había realizado su primera presentación en Rosario en Octubre de 1864, y a través de los años sería un asiduo visitante de nuestra ciudad.
Y por fin le llega el turno a Max O´Kill, ventrílocuo, quien será el personaje de esta historia.
Max O´ Kill
Nacido en 1865 como George Havelock Helm en Ontario, Canadá, comenzó su carrera muy joven, y con solo 17 años, ya había conseguido una sólida reputación como artista de la ventriloquia.
Como mago también se dedicaba a la manipulación y mentalismo.
O´Kill tradujo del francés la obra de Paul Garnault “La historia de la ventriloquia”, uno de los libros más completos sobre la especialidad de la época.
Artista talentoso por su habilidad, fue uno de los ventrílocuos que más se destacaron sobre fines del siglo XIX, y comienzos del XX.
Ventriloquia a varias voces e idiomas
El 7 de Febrero se levantaba el telón del Teatro Olimpo, y actuaba en primer lugar el prestidigitador Jules Bosco.
La segunda parte le correspondía al transformista Casthor, quien demostraba sus cualidades al representar con una perfección artística asombrosa, a hombres célebres públicos de Europa y de América.
El plato fuerte del espectáculo, era el ventrílocuo con su familia improvisada.
Todo lo que se podía decir era poco, ante las cualidades del artista para dar vida y movimiento a sus muñecos.
Cerraba la función, el bonito Silforama con vistas disolventes presentadas por Filhon.
Si bien eran cuatro los artistas, la crónica local, refería en especial al trabajo de O´Kill, no solo en la ciudad, sino también en Buenos Aires.
Era necesario verlo y escucharlo para poder apreciar su mérito.
No se podía exigir ilusión mas completa, que la que causaba O’ Kill cuando conversaba con su numerosos muñecos. Ese era el momento en que el show tomaba las proporciones de un verdadero prodigio.
Sus fantoches que eran varios, hablaban, cantaban, reían, fumaban, escupían, movían brazos y pies, ojos, labios y orejas.
Es cierto que un trabajo parecido al mencionado, ha sido, y es realizado por muchos ventrílocuos; pero había una distinción.
O´Kill hablaba varios idiomas, y esa era la diferencia con aquel habilidoso artista.
Entre sus muñecos se distinguían,
* Fritz, un pícaro jovencito de diez o doce años.
* Joseph, un divertido y desequilibrado personaje que pasaba fácilmente de la risa a los gruñidos, y del canto a las maldiciones, mostrando una incoherencia verdaderamente deliciosa.
* Yankee Doddie, alternaba la chansonette francesa o alemana, con la petenera del cante hondo flamenco y con la milonga argentina.
Completaban la familia una lady vieja y averiada, un par de negros africanos, una sonrosada niña rubia inglesa, un irlandés de cara lúgubre y funeraria, y hasta un perrito que bailaba, daba la patita y hasta ……. se sacudía las pulgas.
Había en el lenguaje elementos de varios idiomas: a una pregunta en francés, contestaba una frase en italiano, a una palabra inglesa, le seguía otra alemana o española.
Cuando Joseph concluía de cantar “Verse moi una chopine”, Fritz entonaba el conocido “Me gustan todas”, y la escuálida inglesa respondía con el sentimental ¡Vorrei morire!. No faltaba tampoco el uso del clásico y popular “ché” argentino
El periódico La Capital, reprodujo algunos de los graciosos diálogos entre los personajes.
Fuera por las circunstancias planteadas, o por las escenas jocosas que se sucedían, la hilaridad del público se manifestaba con las carcajadas y aplausos intensos.
Ni en la torre de Babel, podría haber una mezcla mayor de idiomas.
Por los comentarios del cronista, parece ser que el ventrílocuo ubicado en medio de los fantoches, operaba un complicado mecanismo de pedales y teclas, con los cuales manejaba los movimientos de todos los personajes, algunos de ellos en forma simultánea, al tiempo que interpretaba sus distintas voces e idiomas.
Tarea complicada por cierto, teniendo en cuenta el lenguaje según el personaje, el timming, y la coordinación de movimientos en un espectáculo de este tipo.
En las figuras adjuntas, se pueden observar algunos mecanismos de operación de muñecos, aunque de época más moderna de la de O´Kill (cerca de los años 30´s y 40´s del XX), pero da una idea del complicado sistema de manipulación.
Estos muñecos permitían más de una docena de movimientos faciales, y a los ya clásicos movimiento de orejas, levantamiento de cejas y labio superior, cerrado de ojos, pelo encrespado, se agregaba que sacaban la lengua, y que su nariz se iluminaba de un color rojo intenso.
Todo un laberinto de maquinaria ubicado en la cabeza del muñeco, y manipulado por un teclado parecido al utilizado para interpretar el clarinete o saxofón.
Meses o años de ardua labor, tanto para los artesanos que desarrollaban la construcción, así como para los artistas de la ventriloquia, quienes debían adquirir la habilidad imprescindible para dar vida, y hacer creíbles a los fantoches.
En algunos casos ingeniosos, se proveía de piernas de madera articuladas a aquellos admirables muñequitos, lo que les permitía estar de pie, en posiciones distintas a la clásica sentada sobre el regazo del ventrílocuo.
La descripción periodística del espectáculo de O´Kill, me hace reflexionar acerca que su sistema debe haber sido similar a estas figuras.
“ Sería interesante describir el complicado sistema de palancas, resortes, poleas, garfios y cordajes, mediante el cual consigue O’ Kill, sin aparente esfuerzo y sin hacer ni un solo movimiento ostensible, dar animación y vida, a sus muñecos de madera y cartón pintado.
Pero como ese es precisamente el secreto más valioso del artista, nada tiene de extraño que lo ignoremos, y que por consiguiente, no podamos revelárselo a ustedes.
Además, por digna de interés que sea la parte mecánica del trabajo de O’ Kill, nunca será tan notable y tan curiosa, como la parte que llamaremos intelectual.
El hombre que ha fabricado esos muñecos, es sin duda alguna, un ingeniosísimo artífice, pero el hombre que ha inventado el lenguaje que hablan esos muñecos, es mucho más valioso: es una persona de talento, llena de sprit y de buen gusto.” Periódico La Capital, 7 de febrero de 1893.
Aquel espectáculo del teatro Olimpo finalizó el 19 de febrero, momento en que la Compañía se dividió tomando distintos caminos, a pesar de lo que decía el primer anuncio publicitario que continuarían en Chile.
Por un lado el mago Jules Bosco con el transformista Casthor, y el silforamista Filhon, continuaron la gira por las provincias del litoral argentino, siendo la ciudad de Santa Fe su primer destino.
El ventrilocuo por su parte, volvía a Buenos Aires para formar una compañía de género variado.
Sea este un homenaje a los artistas de la ventriloquia, en la persona de Max O´Kill uno de los grandes de ese arte.
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