Pasado mediados de 1884 llega a Rosario un artista, cuya estrategia publicitaria era muy parecida a la de los grandes magos de la época.
Enrique Moya fue un mago español que recorrió América del Sur y presentó su espectáculo en Rosario varias veces.
Dos días antes del debut en el Teatro Opera de Rosario, Moya se hizo presente en varios lugares, para conseguir buena prensa y publicidad gratis.
Uno de ellos fue el Club Social, lugar de reunión de la élite de la ciudad, donde el mago desplegó sus habilidades ante un buen número de socios.
Moya en el Mercado Sud
Especie de mercado turco, el Mercado Sud era un espacio donde decenas de puesteros de todo tipo y actividad, ofrecían su mercancía. Acudía allí toda una multitud de personas para realizar sus compras.
El sábado 19 de julio, Moya publicitó su presencia en aquel sitio, debido a lo cual un gentío se arremolinó en torno al mago.
La visita a primera hora de la mañana, quedó registrada en los periódicos.
“En la mañana de ayer, el prestidigitador señor Moya, hizo una visita al Mercado Sud, y desde que entró empezó a llamar la atención.
Pocos pasos había dado, cuando acercándose a una persona que allí estaba parada, le rozó el brazo y encarándose con ella le preguntó:
- ¿Dígame señor, que hora tiene?
- El individuo echó mano a su reloj, pero sorprendiéndose de no encontrarlo en su bolsillo y pálido de cólera le contesta:
- Ud. me ha robado el reloj...
- ¿Yo señor? (dice Moya). Perdone, Ud. se equivoca.
- Sí señor; Ud. es un ladrón.
Y en ese momento, se había reunido un numeroso grupo atraído por las voces de ambos.
Unos decían: es un caballero; otros: que lástima, y tan buena figura que tiene.
En el acto se apareció un oficial del piquete (policía), y dirigiéndose a Moya le dijo:
- Bueno señor, es necesario registrarlo a ver si tiene el reloj.
- A mí no me registra nadie, gritó Moya, yo soy honrado.
- Sí, todos somos honrados, pero un reloj ha desaparecido y el dueño dice que Ud. se lo ha robado.
El grupo se hacía más numeroso, vino el comisario, y todos rodeaban a Moya para que no se escapara.
A ese tiempo, pasa cerca de él un muchacho con una canasta con verduras, carne y pescado, y Moya de un salto le arrebata un pejerrey y dice a los del grupo:
- Ven señores, yo no tengo culpa en este hurto, y partiendo el pescado, sacó del vientre el reloj con la cadena, entregándosela a su dueño.
Un ¡bravo! unánime resonó, y Moya se retiró satisfecho, yendo a otro extremo y haciendo otras suertes.”
Periódico La Capital, domingo 20 de julio de 1884.
Al igual que Herrmann, Moya y otros tantos magos, apelaban a aquel recurso, que tanta publicidad favorable le significaba en el boca a boca.
El Teatro Opera (ex Teatro Litoral), había sido inaugurado con ese nuevo nombre en 1879. Sus luminarias, brazos de bronce con 3 luces cada una, iluminaban “a giorno” las instalaciones, y fue en ese lugar donde tres días después, debutaba el español ante un público numeroso.
Aunque no se publicó el programa en los periódicos, un comentario del cronista de espectáculos, apuntaba que su presentación se componía de 12 suertes de efecto y bonitas combinaciones.
Algunas de las pruebas que obtuvieron gran éxito por la limpieza de Moya fueron:
* El paso del negro
* Aparecerá en su bolsillo
* El gran escamoteo
* El huevo chino
Con una concurrencia satisfecha, Moya demostraba que era un prestidigitador notable.
Una crónica en la cual se hacía mención a magos mundialmente famosos que pasaron por Rosario, hacía referencia y comparaciones acerca de la destreza de Enrique Moya,
“...Muchos prestidigitadores han llegado hasta el Rosario, y también han demostrado sus habilidades y sorprendentes suertes de escamoteo: Castiglione, Canonge, Alex Herrmann, y el viejo Carl Herrmann (hermano del anterior) el mejor de los prestidigitadores del mundo, como ha sido proclamado en todas partes.
Pero el público debe saber que la mayor parte de esos mágicos, han trabajado con mesas preparadas, con cubiletes perforados, o aparatos de doble fondo para esconder los objetos que escamoteaban, y que el público no sabía donde habían ido a parar.
Los que hemos visto a Moya, podemos juzgar de sus méritos artísticos.
Solo, sin ningún ayudante, con el proscenio limpio, y los aparatos sin engaño, Moya hace sus trabajos con sorprendente limpieza, y como prestidigitador, puede ponerse a la par o más arriba de los nombrados...”
Temeraria afirmación la del periodista.
Varios de los mencionados (con la excepción de Alexander Herrmann), basaban sus espectáculos en pura manipulación y destreza manual, por lo cual difícilmente podía aplicarse lo aseverado respecto de mesas preparadas o aparatos de doble fondo.
Pocas líneas se le han brindado a Moya en los tratados de historia de la magia.
Sea cual hubiera sido la calidad de Moya, los comentarios le resultaron sumamente favorables.
En algunas oportunidades, y a pedido del público, el prestidigitador tomaba la guitarra y ejecutaba algunas piezas musicales que eran muy apreciadas.
Moya favoreció con su obra filantrópica una función que realizó en beneficio de la Sociedad Protectora de los niños desvalidos.
El retorno
Después de 6 años, en 1890, Moya volvió a Rosario, esta vez al Teatro Olimpo ubicado en calle Mitre, casi esquina Urquiza.
Como en su anterior visita, y previo al debut en el teatro, realizó alguna de sus suertes en reuniones sociales de distinguidas familias, y petit soirées a las cuales fue invitado, lo cual permitió que todas las localidades fueran vendidas con días de anticipación.
Enrique realizó una modificación poco común entre los prestidigitadores de la época: su innovación consistió, en presentarse con las mangas del frac remangadas arriba del codo, de manera que el público podía observar que en las mangas nada había oculto.
Todo era habilidad, Moya hacía aparecer de la nada, objetos escamoteados de cualquier prenda de los espectadores.
Remataban las crónicas:
“… siendo la conclusión mas que clara: “¡Moya ilusiona con sus suertes!, y ése es el mejor elogio que se le puede brindar a un prestidigitador.”
Moya en Sudamérica
Dos años más tarde, el español se presentó en Chile, Uruguay y Brasil.
Carlos Da Costa Britos, mago y escritor brasilero, afirmaba que Moya era el único mago que trabajaba sin los recursos de aparatos, y que todo lo realizaba a manos desnudas, asegurando que era discípulo del célebre Prof. Dr. Carl Herrmann.
En 1896 instaló en Río de Janeiro, la primera sala permanente de cine en Brasil, o sea poco tiempo después que los hermanos Lumiére realizaran el lanzamiento del cine en París.
Mi reconocimiento al recordado amigo Enio Finochi de Brasil, quien me suministró los datos de Moya en su país.
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03 septiembre 2014
22 mayo 2013
Dos maestros: Li - Ho - Chang y Okito
A mediados de 1926, dos grandes magos coincidieron en los escenarios de
la ciudad de Rosario, Argentina.
Li Ho Chang (años más tarde Chang) por un lado, y Okito por otro, eran los dos maestros de la magia que competían en los mismos días por un público ávido de magia. Ambos presentaban actos de estilo chino, pero curiosamente ninguno de ellos era oriental. Li Ho Chang había nacido en Panamá, y Okito proveniente de familia holandesa, era 6ª generación de magos.
Lo interesante del caso, era que las salas donde se presentaban, distaban entre sí escasos 400 metros.
Veamos la previa.
Entre 1923 y 1925, Okito estaba recorriendo Europa, y de acuerdo a sus propias palabras, con un show de ilusiones de mayor éxito, y sin perder un solo día de función. Eran 37 minutos de espectáculo, que según el artista, el público literalmente “se comía” desde el comienzo al fin.
El primer viaje del mago Holandés a Sudamérica, había tenido lugar en 1919, en ocasión de un prolongado tour por Uruguay, Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Brasil, y Colombia.
En su segunda visita al sur del continente americano en 1926, Okito dejaba tras de sí fatigosas presentaciones en importantes ciudades europeas como Londres, París y otras, junto a su hijo David (de nombre artístico Syko en aquel tiempo, y luego famoso como Fú Manchú).
La otra mitad que completa esta historia, es el mago panameño Li Ho Chang, quien más tarde pasaría a ser simplemente Chang.
Es probable que tantos nombres y sus posteriores modificaciones puedan confundir a quienes no están familiarizados con la historia de la magia, pero fue la realidad.
Hay magos que cambiaron sus nombres artísticos más de 7 veces.
Crisis de identidad tal vez…?.
Dejando de lado el chascarrillo tonto y volviendo a nuestra historia, Li Ho Chang venía bajando desde el norte de Brasil con un éxito arrollador. Varios magos cuyos recorridos coincidían con el del panameño sufrían las consecuencias de su éxito. El público se repartía, aunque no proporcionalmente, y acudía en masa a ver a Chang.
En el Rosario de 1926, los espectáculos presentados por ambos magos eran bien diferentes.
El Gran Cine Varieté Rosario plantado en el centro de la ciudad, era un amplio recinto donde actuaban los principales artistas de variedades de la época. Las presentaciones tenían lugar en el intermedio de películas, debido a lo cual el tiempo disponible no superaba los 40 minutos.
Artista de primer orden y muy meticuloso en todos los detalles, Okito tenía un show atrayente. Su obra maestra y probablemente su efecto favorito, era sin duda la bola flotante, una ilusión maravillosa, donde una esfera de 30 cm de diámetro se desplazaba en el espacio escénico bajo la influencia del mago.
Otras de sus rutinas eran el papel roto y recompuesto, la Pesca aérea, donde pequeños pececitos aparecían en un anzuelo colocado en el extremo de una larga caña de pesca, la producción de bowls llenos de agua, y producciones diversas, todo ello ocurriendo en las propias narices de los espectadores.
Los dos shows del Mandarín, se presentaban entre los films Carlitos en las termas, interpretada por el genial Chaplin, Una noche morrocotuda por el comediante Jimmy Aubrey, y Una granja en la azotea actuada por Lee Moran.
Como decía al inicio, a escasos 400 metros, la contracara de esta historia, Li Ho Chang publicitado como célebre ilusionista chino, con su gran espectáculo fantástico de magia moderna y oriental, hacía su debut en el Teatro Colón, hermosa y espaciosa sala, donde también se representaban espectáculos operísticos.
Se trataba de otro espacio escénico, que ofrecía la posibilidad de un espectáculo con producción más elaborada.
Contrastando con las salas, la propaganda de Okito fue mucho más profusa.
La Primera Sección del espectáculo de Li Ho Chang, incluía los siguientes efectos e ilusiones: El Palacio encantado, Una noche en Pekín, La Caja de la muerte, seguía la Segunda Sección en la que presentaba La Caja clavada, Cuentas matemáticas, El Gabinete de los espíritus. En la última parte uno de los efectos que más impactaba en el público era El fusilamiento de una señorita. Finalizaba con el macabro baile de los esqueletos sobre las cabezas de los espectadores.
Ambos magos conquistaron desde el primer momento la simpatía y ovación de la numerosa concurrencia que asistió a ambas salas.
Fiel a su costumbre, Li Ho Chang destinaba la función más temprana de los días domingos al público infantil, con prioridad para los niños desvalidos del Hogar del Huérfano, causa por la cual fue muy querido y recordado en Rosario. Agregado a lo anterior, su humildad y carisma, lo convirtieron en uno de los magos preferidos de nuestra ciudad.
Okito volvería a Argentina por última vez en 1932, oportunidad en que se presentó junto con su hijo David (ya como Fu Manchú), en el espectáculo llamado “Okito presenta a Fú Manchú”. Durante 6 meses recorrieron localidades del interior del país, pasando luego a Brasil, desde donde Okito retornó a Europa.
Por su lado el panameño Li Ho Chang, volvería en varias oportunidades a Argentina y por supuesto a Rosario, donde fue muy recordado, aún hasta la actualidad.
Li Ho Chang (años más tarde Chang) por un lado, y Okito por otro, eran los dos maestros de la magia que competían en los mismos días por un público ávido de magia. Ambos presentaban actos de estilo chino, pero curiosamente ninguno de ellos era oriental. Li Ho Chang había nacido en Panamá, y Okito proveniente de familia holandesa, era 6ª generación de magos.
Lo interesante del caso, era que las salas donde se presentaban, distaban entre sí escasos 400 metros.
Veamos la previa.
Entre 1923 y 1925, Okito estaba recorriendo Europa, y de acuerdo a sus propias palabras, con un show de ilusiones de mayor éxito, y sin perder un solo día de función. Eran 37 minutos de espectáculo, que según el artista, el público literalmente “se comía” desde el comienzo al fin.
El primer viaje del mago Holandés a Sudamérica, había tenido lugar en 1919, en ocasión de un prolongado tour por Uruguay, Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Brasil, y Colombia.
En su segunda visita al sur del continente americano en 1926, Okito dejaba tras de sí fatigosas presentaciones en importantes ciudades europeas como Londres, París y otras, junto a su hijo David (de nombre artístico Syko en aquel tiempo, y luego famoso como Fú Manchú).
La otra mitad que completa esta historia, es el mago panameño Li Ho Chang, quien más tarde pasaría a ser simplemente Chang.
Es probable que tantos nombres y sus posteriores modificaciones puedan confundir a quienes no están familiarizados con la historia de la magia, pero fue la realidad.
Hay magos que cambiaron sus nombres artísticos más de 7 veces.
Crisis de identidad tal vez…?.
Dejando de lado el chascarrillo tonto y volviendo a nuestra historia, Li Ho Chang venía bajando desde el norte de Brasil con un éxito arrollador. Varios magos cuyos recorridos coincidían con el del panameño sufrían las consecuencias de su éxito. El público se repartía, aunque no proporcionalmente, y acudía en masa a ver a Chang.
En el Rosario de 1926, los espectáculos presentados por ambos magos eran bien diferentes.
El Gran Cine Varieté Rosario plantado en el centro de la ciudad, era un amplio recinto donde actuaban los principales artistas de variedades de la época. Las presentaciones tenían lugar en el intermedio de películas, debido a lo cual el tiempo disponible no superaba los 40 minutos.
En las Secciones de Familiar y Noche de mediados de mayo,
se anunciaba al celebrado y misterioso
personaje japonés, el Mandarín Okito, descendiente
de 6 generaciones de magos y Plus Ultra de las atracciones. Toda la China
desconocida y tenebrosa revelada por Okito,
$ 200.000 en vestuario. Un espectáculo de misterio.
Artista de primer orden y muy meticuloso en todos los detalles, Okito tenía un show atrayente. Su obra maestra y probablemente su efecto favorito, era sin duda la bola flotante, una ilusión maravillosa, donde una esfera de 30 cm de diámetro se desplazaba en el espacio escénico bajo la influencia del mago.
Otras de sus rutinas eran el papel roto y recompuesto, la Pesca aérea, donde pequeños pececitos aparecían en un anzuelo colocado en el extremo de una larga caña de pesca, la producción de bowls llenos de agua, y producciones diversas, todo ello ocurriendo en las propias narices de los espectadores.
Los dos shows del Mandarín, se presentaban entre los films Carlitos en las termas, interpretada por el genial Chaplin, Una noche morrocotuda por el comediante Jimmy Aubrey, y Una granja en la azotea actuada por Lee Moran.
Como decía al inicio, a escasos 400 metros, la contracara de esta historia, Li Ho Chang publicitado como célebre ilusionista chino, con su gran espectáculo fantástico de magia moderna y oriental, hacía su debut en el Teatro Colón, hermosa y espaciosa sala, donde también se representaban espectáculos operísticos.
Se trataba de otro espacio escénico, que ofrecía la posibilidad de un espectáculo con producción más elaborada.
Contrastando con las salas, la propaganda de Okito fue mucho más profusa.
La Primera Sección del espectáculo de Li Ho Chang, incluía los siguientes efectos e ilusiones: El Palacio encantado, Una noche en Pekín, La Caja de la muerte, seguía la Segunda Sección en la que presentaba La Caja clavada, Cuentas matemáticas, El Gabinete de los espíritus. En la última parte uno de los efectos que más impactaba en el público era El fusilamiento de una señorita. Finalizaba con el macabro baile de los esqueletos sobre las cabezas de los espectadores.
El fusilamiento de una
señorita, uno de las más sensacionales efectos de la época, y que no debe
confundirse con la ilusión conocida como la detención de la bala, consistía en que
el mago disparaba un proyectil marcado e identificado, a través del cuerpo de
una ayudante, incrustándose sobre un blanco colocado detrás de la chica. Para
que no quedaran dudas que se traba de misma bala la que salía del fusil y que
impactaba sobre el blanco, el proyectil tenía adherida una brillosa cinta, la
cual, después del disparo podía verse que atravesaba claramente el cuerpo de la
chica y continuaba hasta el blanco.
Ambos magos conquistaron desde el primer momento la simpatía y ovación de la numerosa concurrencia que asistió a ambas salas.
Fiel a su costumbre, Li Ho Chang destinaba la función más temprana de los días domingos al público infantil, con prioridad para los niños desvalidos del Hogar del Huérfano, causa por la cual fue muy querido y recordado en Rosario. Agregado a lo anterior, su humildad y carisma, lo convirtieron en uno de los magos preferidos de nuestra ciudad.
Okito volvería a Argentina por última vez en 1932, oportunidad en que se presentó junto con su hijo David (ya como Fu Manchú), en el espectáculo llamado “Okito presenta a Fú Manchú”. Durante 6 meses recorrieron localidades del interior del país, pasando luego a Brasil, desde donde Okito retornó a Europa.
Por su lado el panameño Li Ho Chang, volvería en varias oportunidades a Argentina y por supuesto a Rosario, donde fue muy recordado, aún hasta la actualidad.
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14 diciembre 2009
Un mago y copólogo Catalán del siglo XIX
Corre fines de agosto de 1870, una noticia del periódico La Capital de Rosario, Argentina, da cuenta que a poco mas de 100 kilómetros al sur de la ciudad, se espera una invasión de indios mapuches, del bravo Cacique Calfucurá.
En la misma fecha, un avance publicitario, comenta acerca de la presentación de “Notabilidades artísticas” en la ciudad.
Tal la expresión para calificar a tres célebres artistas, que han sido admirados en los principales teatros de Buenos Aires y Montevideo.
El objetivo de este trabajo es rescatar la figura de Paulino Blanch, mago catalán, del que poco he oído en foros y artículos sobre nuestro arte.
Magia y música con Blanch, Trullás y Aguiló
Procedentes de España, mas precisamente de Cataluña, Paulino Blanch, Dionisio Trullás y Aguiló plantean un espectáculo combinado.
El notable prestidigitador Blanch, cuya fama le había merecido ovaciones de todos los públicos donde había trabajado, venía a ofrecer su trabajo artístico, que según el comentarista periodístico, traía mayor fama que Herrmann, tanto por la novedad de sus juegos, como por su agilidad asombrosa, y limpieza en sus presentaciones.
Temeraria afirmación del reportero, aquella que declaraba que el catalán, superaba al gran Herrmann en celebridad. Sus méritos debe haber tenido aquel prestidigitador.
Carl Compars Herrmann, causó furor en Rosario en su paso en 1859 y 1867, y los cronistas de espectáculos, apelaban continuamente a su nombre y habilidades, como un punto de referencia y comparación, respecto de todos los magos que nos visitaban.
No era poca cosa entonces que a Blanch, se lo considerara de renombre superior a uno de los mas grandes Maestros de la magia de la época.
Secundaban al mago, dos artistas no menos célebres según la misma crónica: el famoso pianista Trullás, cuyos conocimientos musicales, y elegante gusto para interpretar, le habían merecido las simpatías del bello sexo en cuanto lugar se hubiere presentado.
Trullás ejecutaba una marcha fúnebre de su autoría, composición que conmovía el espíritu, y arrebataba el alma por su belleza, en opinión del periodista.
Completaba la lista el Sr. Aguiló, profesor de cornetón o corneta pistón, quien hacía maravillas dignas de admirarse por la sociedad rosarina.
Debutan en el Teatro Litoral, un viernes 26 de agosto de 1870.
Pero a pesar de la propaganda, muy poca concurrencia asistió a la función de los célebres artistas.
Los catalanes intentan otra función la semana siguiente, pero el programa no incluía al corneta pistón, posiblemente por la frustración por el poco público de su primer función.
Vaya uno a saber cual fue el destino de Aguiló, pero lo cierto es que aquí se pierde el rastro del cornetón y de su ejecutante.
Para el segundo espectáculo, potencian su show con una compañía de zarzuela que ameniza el espectáculo.
Uno de las rutinas destacadas del mago Blanch, como se aprecia en el programa, era sacar la camisa a cualquier espectador, sin tocarle la demás ropa, efecto impactante en mi opinión, y que poco se ve hoy día.
No debe haber tenido demasiado éxito, porque a posteri poco se comenta del trabajo del mago.
Días después, un comentario del periódico indica que el pianista Trullás, piensa establecerse definitivamente en Rosario, donde se ocupará de dar lecciones particulares.
Trullás cumplió lo prometido, pues a posteriori, aparece en los programas de una compañía de zarzuelas, y tomando parte en conciertos vocales e instrumentales, ejecutando entre otros, motivos de la ópera Guillermo Tell.
Parece que le iba bien a Trullás, porque continuamente aparecía en los destacados periodísticos, anunciando que recibía mediante esquelas, las solicitudes de discípulos para la enseñanza música.
Dable es destacar, que casi toda la artillería publicitaria, estaba dirigida a las damas interesadas, o a “discípulas aventajadas en el secreto de los pedales”.
Para mas datos, las esquelas debían enviarse a la casa nueva y amueblada del pianista, ubicada en calle san Lorenzo nº 116, cuarto numero 5.
Algunas semanas mas tarde, no hay mas noticias de Trullás en Rosario.
Blanch en España
Siguiendo el rastro de Blanch, encuentro un artículo del escritor español Francese Costa i Oller, quien comenta acerca de espectáculos en la ciudad de Mataró, cerca de Barcelona.
En su escrito, incluye un programa de 1875 del citado mago, donde se puede apreciar su trabajo.
Los nombres de sus rutinas son al fiel estilo de la época, y como destaque, se observa la ejecución de la famosa Cabina de los espíritus de los Davenports, al que Blanch llamaba El Armario Misterioso.
El aviso anunciaba a Blanch y su ayudante Grau, como rivales de los hermanos Davenport, originadores del efecto.
A lo citado, agregaba un número de excéntrico musical (como se llamaba en aquella época), ejecutando un concierto de copólogo, especialidad que no había presentado en Argentina.
Treinta y dos copas de cristal, le servían de instrumento para interpretrar las más disímiles melodías.
Por el mismo año de 1875, Harry Kellar (en ese momento casi un desconocido) junto con Fay, ex ayudantes ambos de los Davenports, paseaban la rutina de la Cabina espiritista por todo el mundo, incluida Rosario, donde estuvieron en marzo de aquel año.
Tiempo más tarde, ya en 1881 y en años subsiguientes, encontramos a Blanch trabajando en el Teatro Tívoli y también en el Teatro Principal de Barcelona, con su magia, y sus conciertos de copólogo, actuando en intermedios de comedias y zarzuelas.
El prestidigitador cosechó excelentes críticas, tanto en la magia, como con su música.
El público premiaba con aplausos y ovaciones los shows del artista, y normalmente las salas donde trabajaba, eran pequeñas para albergar a quienes concurrían a verlo.
Su limpieza en cuanto a la prestidigitación, y su gusto y sentimiento en la interpretación musical, eran su característica.
El número mas destacado de su espectáculo, era el ya nombrado “Armario Misterioso”.
Los concurrentes al Circo Ecuestre Barcelonés, también fueron testigos de sus conciertos, y sus sesiones de ciencias ocultas, y “juegos de cartomancia” especialidades que Blanch agregó a sus presentaciones.
Ya por 1887, y presentando el “sorprendente escamoteo La desaparición de una señorita”, volvemos a encontrar al ilusionista en el Teatro de Cataluña, aunque en ese entonces presentándose como Capitán Blanch.
Y hasta aquí la información que he podido rescatar de Don Paulino Blanch, célebre y olvidado mago y copólogo catalán de fines de 1800.
En la misma fecha, un avance publicitario, comenta acerca de la presentación de “Notabilidades artísticas” en la ciudad.
Tal la expresión para calificar a tres célebres artistas, que han sido admirados en los principales teatros de Buenos Aires y Montevideo.
El objetivo de este trabajo es rescatar la figura de Paulino Blanch, mago catalán, del que poco he oído en foros y artículos sobre nuestro arte.
Magia y música con Blanch, Trullás y Aguiló
Procedentes de España, mas precisamente de Cataluña, Paulino Blanch, Dionisio Trullás y Aguiló plantean un espectáculo combinado.
El notable prestidigitador Blanch, cuya fama le había merecido ovaciones de todos los públicos donde había trabajado, venía a ofrecer su trabajo artístico, que según el comentarista periodístico, traía mayor fama que Herrmann, tanto por la novedad de sus juegos, como por su agilidad asombrosa, y limpieza en sus presentaciones.
Temeraria afirmación del reportero, aquella que declaraba que el catalán, superaba al gran Herrmann en celebridad. Sus méritos debe haber tenido aquel prestidigitador.
Carl Compars Herrmann, causó furor en Rosario en su paso en 1859 y 1867, y los cronistas de espectáculos, apelaban continuamente a su nombre y habilidades, como un punto de referencia y comparación, respecto de todos los magos que nos visitaban.
No era poca cosa entonces que a Blanch, se lo considerara de renombre superior a uno de los mas grandes Maestros de la magia de la época.
Secundaban al mago, dos artistas no menos célebres según la misma crónica: el famoso pianista Trullás, cuyos conocimientos musicales, y elegante gusto para interpretar, le habían merecido las simpatías del bello sexo en cuanto lugar se hubiere presentado.
Trullás ejecutaba una marcha fúnebre de su autoría, composición que conmovía el espíritu, y arrebataba el alma por su belleza, en opinión del periodista.
Completaba la lista el Sr. Aguiló, profesor de cornetón o corneta pistón, quien hacía maravillas dignas de admirarse por la sociedad rosarina.
Debutan en el Teatro Litoral, un viernes 26 de agosto de 1870.
Pero a pesar de la propaganda, muy poca concurrencia asistió a la función de los célebres artistas.Los catalanes intentan otra función la semana siguiente, pero el programa no incluía al corneta pistón, posiblemente por la frustración por el poco público de su primer función.
Vaya uno a saber cual fue el destino de Aguiló, pero lo cierto es que aquí se pierde el rastro del cornetón y de su ejecutante.
Para el segundo espectáculo, potencian su show con una compañía de zarzuela que ameniza el espectáculo.
Uno de las rutinas destacadas del mago Blanch, como se aprecia en el programa, era sacar la camisa a cualquier espectador, sin tocarle la demás ropa, efecto impactante en mi opinión, y que poco se ve hoy día.
No debe haber tenido demasiado éxito, porque a posteri poco se comenta del trabajo del mago.
Días después, un comentario del periódico indica que el pianista Trullás, piensa establecerse definitivamente en Rosario, donde se ocupará de dar lecciones particulares.
Trullás cumplió lo prometido, pues a posteriori, aparece en los programas de una compañía de zarzuelas, y tomando parte en conciertos vocales e instrumentales, ejecutando entre otros, motivos de la ópera Guillermo Tell.
Parece que le iba bien a Trullás, porque continuamente aparecía en los destacados periodísticos, anunciando que recibía mediante esquelas, las solicitudes de discípulos para la enseñanza música.
Dable es destacar, que casi toda la artillería publicitaria, estaba dirigida a las damas interesadas, o a “discípulas aventajadas en el secreto de los pedales”.
Para mas datos, las esquelas debían enviarse a la casa nueva y amueblada del pianista, ubicada en calle san Lorenzo nº 116, cuarto numero 5.
Algunas semanas mas tarde, no hay mas noticias de Trullás en Rosario.
Blanch en España
Siguiendo el rastro de Blanch, encuentro un artículo del escritor español Francese Costa i Oller, quien comenta acerca de espectáculos en la ciudad de Mataró, cerca de Barcelona.
En su escrito, incluye un programa de 1875 del citado mago, donde se puede apreciar su trabajo.
Los nombres de sus rutinas son al fiel estilo de la época, y como destaque, se observa la ejecución de la famosa Cabina de los espíritus de los Davenports, al que Blanch llamaba El Armario Misterioso.El aviso anunciaba a Blanch y su ayudante Grau, como rivales de los hermanos Davenport, originadores del efecto.
A lo citado, agregaba un número de excéntrico musical (como se llamaba en aquella época), ejecutando un concierto de copólogo, especialidad que no había presentado en Argentina.
Treinta y dos copas de cristal, le servían de instrumento para interpretrar las más disímiles melodías.
Por el mismo año de 1875, Harry Kellar (en ese momento casi un desconocido) junto con Fay, ex ayudantes ambos de los Davenports, paseaban la rutina de la Cabina espiritista por todo el mundo, incluida Rosario, donde estuvieron en marzo de aquel año.
Tiempo más tarde, ya en 1881 y en años subsiguientes, encontramos a Blanch trabajando en el Teatro Tívoli y también en el Teatro Principal de Barcelona, con su magia, y sus conciertos de copólogo, actuando en intermedios de comedias y zarzuelas.
El prestidigitador cosechó excelentes críticas, tanto en la magia, como con su música.
El público premiaba con aplausos y ovaciones los shows del artista, y normalmente las salas donde trabajaba, eran pequeñas para albergar a quienes concurrían a verlo.
Su limpieza en cuanto a la prestidigitación, y su gusto y sentimiento en la interpretación musical, eran su característica.
El número mas destacado de su espectáculo, era el ya nombrado “Armario Misterioso”.
Los concurrentes al Circo Ecuestre Barcelonés, también fueron testigos de sus conciertos, y sus sesiones de ciencias ocultas, y “juegos de cartomancia” especialidades que Blanch agregó a sus presentaciones.
Ya por 1887, y presentando el “sorprendente escamoteo La desaparición de una señorita”, volvemos a encontrar al ilusionista en el Teatro de Cataluña, aunque en ese entonces presentándose como Capitán Blanch.
Y hasta aquí la información que he podido rescatar de Don Paulino Blanch, célebre y olvidado mago y copólogo catalán de fines de 1800.
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