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12 marzo 2013

El Jugador de ajedrez, film de 1927

Ya transcurrida la primera mitad del año 1927, los cinematógrafos de la ciudad de Rosario, publicitaban dos propuestas bien distintas, pero relacionadas con la magia.

Por un lado la visita del mago inglés Lewis Davenport, aquel excelente manipulador de bolas y dedales, con su rutina de producción de pañuelos, dentro de la cual incluía efectos con un futbolista y un balón de football.

El mago que junto con su esposa, se anunciaban como “Los Monarcas de la magia”, actuaron en un espectáculo de variedades del Cine Varieté Rosario, donde alternaban con otros artistas y en los intermedios de proyección de filmes. La presentación fue un éxito.

A menos de 200 metros, con gran despliegue de propaganda se exhibía en otro cinematógrafo, el Cine Córdoba, el film más extraordinario del año  “El Jugador de ajedrez”, producida por la Société des Grands Films Historiques de Francia.

Afiche de la película con la imagen de Edith Jehanne, la heroina
 Uno de los valores destacados de la película, era que para aquella superproducción francesa del cine mudo, se había compuesto especialmente una bella y novedosa pieza musical, para ser ejecutada a gran orquesta acompañada con coros durante su exhibición. Henri Rabaud, también autor de la ópera Marouf  , era el compositor, que daba el compás y la armonía oportunas a las escenas. Con sólidos antecedentes, Rabaud había sido Director del Conservatorio de París, y también de la orquesta de la Ópera.

Previa a la exhibición, los numerosos ensayos realizados, demostraban una perfecta unidad de conjunto de los veinte profesores que formaban la orquesta con los coros. Para completar la función, un prólogo cantado formaba parte de aquel coral.

Un argumento original, y suntuosas escenografías históricas, formaban parte de la costosa producción.

La trama, basada en una novela de Henri Dupuy Mazuel, una mezcla de historia épica y fantasía, y que significó un logro cinematográfico de la época, se inspiró en una historia real: el Turco Jugador de ajedrez, autómata inventado por Wolfgang Von Kempelen, tema del que ya hemos hablado en este blog

La acción transcurre en 1776, durante el reinado de Catalina La Grande en Rusia, cuando Polonia estaba bajo el dominio de los rusos. El drama propone la rebelión polaca, en el momento en que su ejército estaba siendo masacrado por los rusos.

El barón Von Kempelen, talentoso ingeniero y célebre por sus ideas libertarias, ayuda en la lucha poniendo a disposición de los polacos uno de sus autómatas, el famoso e invencible Turco jugador de ajedrez, que juega un papel importante en la historia, dado que servirá para ocultar a Vorouski, uno de los cabecillas de los insurrectos.

Fotograma del film, Von Kempelen y el Turco
El tema es que durante una partida entre la Zarina y el turco, y a pesar de las trampas de juego urdidas por la Emperatriz, el díscolo autómata comete una osadía irreverente: vence en la partida a Catalina, quien ofendida por considerar una falta de galantería hacia la autoridad de la Emperatriz tal triunfo, ordena nada menos, que fusilar al imperturbable turco.

Me detengo aquí en la trama, para no develar el desenlace del film, por si alguno de los visitantes del blog se siente interesado en disfrutar la película.

Para la realización de la versión cinematográfica del Director Raymond Bernard, se debió reconstruir el frente del Palacio de Invierno de la Emperatriz rusa, trabajo que realizó un arquitecto decorador de renombre en Europa: Jean Perrier, que se ocupó de la Dirección de Arte del film. Durante 45 días, más de 200 obreros, trabajaron en los moldes, y el fabuloso castillo fue levantado sobre un terreno de 5000 metros cuadrados.

Los intérpretes, desconocidos para nosotros, pero los más famosos y consagrados de la escena muda en aquellos tiempos fueron entre otros Charles Dullin quien encarna a Von Kempelen, Pierre Blanchar en el papel de Boleslas Vorowski (o Worowsky), y Edith Jehanne la heroína. El negativo original fue tomado por los alemanes durante la ocupación de Francia en la II Guerra mundial, y fue encontrado posteriormente en archivos de Berlín oriental. El film fue restaurado por varios especialistas y coleccionistas, al igual que la partitura original.

General Nicolaieff  interpretado por Camille Bert

Actriz Jacky Monnier
 Remito a un link de una breve escena del film, donde se ve a Von Kempelen presentando al turco.

Hay también una serie de la televisión francesa Les évasions célèbres con un capítulo llamado Le Joueur d’echecs dedicado al tema.

Volviendo ahora a la historia real del autómata, mucho se escribió sobre el turco, su secreto, y sus operadores, algunos más verídicos, otros, pura ficción. Por ejemplo la partida de ajedrez fue con la Emperatriz María Teresa de Austria, y no con Catalina La Grande.

Al respecto, recomiendo enfáticamente la lectura de “La sangre de turco”, una novela mezcla de historia y ficción, con un delicioso relato, que nos regala la fina pluma y el profundo conocimiento de nuestro arte del escritor y periodista español Ramón Mayrata. Un libro atrapante sobre autómatas y sobre el turco.

Lo cierto es que a la muerte de Von Kemplelen, el autómata pasó por muchas manos (Anthon, Nepomuk Maelzel, Mitchell), y sus operadores fueron varios, todos ellos expertos ajedrecistas: Vorowski, Jacques Mouret, Johann Allgaier, Bouncourt, Alexandre, “Le Petit Juif”, Williams Lewis, Peter Unger, y otros varios.

Según los historiadores, un tal Schlumberger, uno de los más renombrados que manejó el turco en la época de Maelzel, le gustaba “empinar el codo”, y su físico, no precisamente esbelto, le trajo algunos inconvenientes por el reducido espacio de que disponía dentro del autómata. Schumberger murió de fiebre amarilla en Cuba, durante la gira del turco.

En 1840, y después de una fatigosa gira que abarcó alrededor de 70 años, 400 dólares hicieron que el agotado autómata tomara unas vacaciones, y fuera a reposar al Museo Chino de Filadelfia.

En el merecido descanso, y olvidado en un rincón entre otros valiosos objetos, un voraz incendio terminó con la vida del Turco en 1857.
 

24 octubre 2009

“El turco jugador de ajedrez” – Comic mágico

Gracias a la excelente pluma de mi amigo malagueño Alex Romero, quien realizó el guión, y con los dibujos de Fritz, podemos disfrutar de un comic sumamente interesante.

El trabajo forma parte de un libro homenaje a Edgar Alan Poe, el Maestro del misterio, en el cual han colaborado varios artistas.

El tema viene a relación, porque Poe escribió un ensayo sobre el Turco ajedrecista, y en base a ese escrito es que Alex y Fritz, han aportado su propia visión, un cuento muy creativo (aunque algo morboso según sus propias palabras), y nada común sobre aquel autómata.

Agradezco a Alex y a Fritz que me hayan permitido subir su trabajo al blog.

Agregaré algunos comentarios breves, sobre la historia y los personajes involucrados.

Antecedentes

La época de gloria de creación de autómatas, aquellas figuras móviles tan maravillosas, fue en el siglo XVIII y XIX.

El Turco jugador de ajedrez, ha sido uno de los autómatas o pseudoautómatas, que mas ha concitado la atención de los escritores del tema, sea por tratarse de un ajedrecista imbatible en sus innumerables partidas, como por la especulación acerca de su sistema de operación.

En 1927, el tema del turco dio origen a la película muda francesa " Le Joueur d'Echecs", realizandose otras versiones posteriores en 1939 y 1980.

A quien pueda interesar, referirse a los links
Films de france.com;
The Internet Movie Database;
DVD critiques.com;

El tema también fue tratado en la Televisión en el año 2008, en uno de los episodios de la serie “Terminator: The Sarah Connor Chronicles”.

Para quienes quieran profundizar, pueden consultar los detalles de este increíble invento en Answers.com artículo muy completo en inglés, y en Circo Meliés este último en castellano, donde puede apreciarse en forma dramatizada, una escena del film de 1927 de la partida entre el turco y la zarina, y donde esta comete algunas trampas en el juego.

Los protagonistas

Mucho de lo conocido sobre el turco, toma como base lo escrito por Robert Houdin en su “Confidencias de un prestidigitador”.

Lo dicho en el citado libro, adolece de algunos errores comprobados en cuanto a datos históricos y fechas, lo cual, aunque lo convierte en una fuente un tanto dudosa, no deja de restarle romanticismo al relato del Padre de la Magia moderna.

El comic, fuera de toda lógica histórica, al libre albedrío de sus autores, recrea una fantasía muy interesante.

Barón Wolfgang Von Kempelen

Noble de familia y mecánico, fue el inventor del turco. Lo construyó en 1769, exhibiéndolo en todas las cortes europeas.

A la muerte de Von Kempelen en 1804, y después de pasar por otro dueño, el turco fue comprado por Maelzel.

Johann Nepomuk Maelzel

Músico y mecánico, y también creador de autómatas. Al igual que Von Kempelen, Maelzel también realizó muchas exhibiciones del turco.

Nuestro comic, trata la época en que Maelzel era el dueño del autómata.

El secreto: Schumblerger y Worousky

Mucho se ha escrito sobre el secreto del funcionamiento del famoso e imbatible ajedrecista.

La hipótesis mas fundamentada, comenta que dentro del mueble donde se decía estaban los engranajes que manejaban al turco, se escondía un asistente, que era quien realizaba las jugadas.

El experto ajedrecista que operó el turco cuando Maelzel era el propietario del autómata, fue William Schumblerger.

Robert Houdin, habla en su libro de otro operador llamado Worouski o Vorouski, que era quien manejaba al turco en la época de Von Kempelen.

Worousky era un militar, al cual debieron amputarle ambas piernas hasta la ingle, como consecuencia de heridas de guerra, lo que le permitía ocupar el pequeño espacio del mobiliario en cuestión. Campeón en el juego de ajedrez, aprovechó la oportunidad de trabajar oculto dentro del mueble, para escaparse de Rusia, donde era buscado por un alzamiento.

El final del turco

A la muerte de Maelzel ocurrida en 1838, nuestro turco ajedrecista es comprado por otras personas, terminando depositado y olvidado en el Museo Chino de Filadelfia, donde resultó destruído por el fuego en 1854.

Edgar Alan Poe

Este maestro de los cuentos del terror, después de ver en acción al turco, y en base a su análisis de observación, escribió un ensayo, explicando lo que el creía, era la resolución del secreto de la operación del mecanismo.

Como dije mas arriba, este es el motivo del homenaje de Alex y Fritz a este especialista del misterio.

John Gaughan y el renacimiento del turco

Protagonista importante en el cuento. No vivió en aquellos tiempos, pero vale su inclusión por lo que veremos a continuación.

Es un constructor de efectos especiales e ilusiones para los magos mas renombrados de los últimos tiempos (Mark Wilson, Doug Henning, Sigfried & Roy, David Copperfield, etc.).

Hábil artesano y estudioso, después de 4 años de trabajo, Gaughan reconstruyó el celebre Turco ajedrecista, y lo presentó en una de las Convenciones de la Historia de la Magia que se realiza en Los Angeles.

La única pieza original que sobrevivió al incendio y que utilizó John, fue el tablero, el cual se salvó de las llamas, porque se guardaba en lugar apartado del resto del equipo.

El trabajo de detective, su capacidad de análisis, y su habilidad en la restauración, le permitieron demostrar que esta maravilla del pasado, continúa funcionando de manera perfecta en tiempos presentes.

Un chapó para Gaughan, el cual merece su inclusión en esta hermosa fábula magica.

Y por fin lo más interesante: El comic (Para agrandar las imágenes cliquear sobre ellas y luego con el botón atras, volver a la página del blog)